Hawking apostó a que el acelerador no hallará la partícula de Dios

La puesta en marcha, el pasado miércoles, del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) ha desatado una contienda entre dos de los cerebros más famosos del mundo. Los científicos británicos Stephen Hawking y Peter Higgs se han enzarzado en una polémica a propósito del colosal experimento que el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, el CERN, ha puesto en marcha en Ginebra para probar la existencia de una partícula elemental que supuestamente originaría la masa de las otras partículas subatómicas y que lleva el nombre de uno de los contendientes: el bosón de Higgs. El martes, previo encendido del LHC, Hawking apostó 100 dólares (70,4 euros) a que el experimento no servirá para dar con tal partícula. Tras poner en marcha con éxito el LHC, Higgs –a quien la apuesta no le hizo ni pizca de gracia– criticó en rueda de prensa el trabajo de Hawking.

En 1964, Higgs teorizó sobre la existencia de dicho bosón. Esta sería la partícula que explicaría el origen de la materia y, por lo tanto, del Universo. De aquí que al bosón de Higgs también se le conozca bajo el nombre de partícula de Dios, gracias al Nobel estadounidense Leon Lederman, que plasmó este término en un libro de divulgación científica.

La teoría de Higgs fue la que impulsó al CERN a concebir el experimento del LHC, que ha tardado unas dos décadas en materializarse, ha costado más de 4.000 millones de euros y en el que han intervenido más de 10.000 científicos. Vistas las cifras, es lógico entender la ira de Higgs ante la frívola apuesta de Hawking, sobre todo porque si el LHC demuestra la existencia de la partícula de Dios, el autor de la teoría y, de rebote, el CERN tendrán bastantes números para recibir el premio Nobel. No obstante, Hawking argumentó que para la comunidad científica “sería mucho más estimulante” no hallar una partícula que explique el universo en su totalidad ya que ello “nos permitiría seguir pensando”.