El próximo 7 de agosto va a ser un día muy movido en un laboratorio situado a 175 metros bajo la superficie terrestre en las proximidades de Ginebra, entre Francia y Suiza.

Allí, en un experimento en el que participan más de 10.000 científicos de todo el mundo, se pondrá en marcha el acelerador de partículas más potente del mundo que hará que protones disparados en direcciones opuestas a casi la velocidad de la luz choquen entre sí para crear una energía capaz de generar otras partículas.

Será un Big Bang en versión de andar por casa, un Big Bang de bolsillo que, sin embargo, permitirá conocer cómo fue el Big Bang real, el que sucedió hace 15.000 millones de años. Si el experimento sale bien, los científicos podrán saber cómo se produjo el principio del mundo.

El Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN, o Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, en francés), responsable del experimento, ha construido para ello el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, de Large Hadron Collider, en inglés), un larguísimo túnel en círculo de 27 kilómetros de longitud dotado de imanes superconductores que harán que dos haces de partículas de materia den 11.000 vueltas por segundo al anillo hasta que los científicos decidan cuál es el momento de choque entre quarks, las partículas más elementales de los protones, partículas sin estructura. Será entonces el momento de la gran explosión.

El proyecto, en el que se viene trabajando durante años tiene bastantes detractores dentro de la comunidad científica. Hace unos meses, en marzo, dos científicos, el estadounidense Walter Wagner y el español Luis Sancho, denunciaron al CERN ante un tribunal de Hawaii por considerar que el experimento de agosto podría crear un agujero negro. Creen que podría suponer la extinción física de la Tierra. Desde el CERN señalan que, en caso de producirse un mini agujero negro, éste sería microscópico y se disiparía inmediatamente.

El caso es que la fecha prevista para el experimento casi coincide con la del 6 de agosto, día en que se conmemorará el 48º aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica lanzada sobre Hiroshima (Japón).

Aparte de ver cómo pudo producirse el Big Bang, los científicos involucrado en el proyecto también podrían confirmar la existencia o no del llamado ‘bosón de Higgs’, una hipotética partícula que sería la responsable de que la materia adquiera masa. Si existe esa partícula, que provoca que las partículas tengan masa distinta, según el científico que formuló la teoría, Peter Higgins, en 1964, el LHC la detectaría y confirmaría su existencia, abriendo un campo enorme a nuevas hipótesis científicas.

Los científicos esperan conseguir mil millones de colisiones de hadrones por segundo (los hadrones son las partículas subatómicas que mantienen unidos los quarks en los protones) en cada uno de los cuatro puntos detectores que se han colocado en el LHC. Creen que, de esa manera, sabrán lo que sucedió en la primera billonésima de segundo tras el Big Bang.

“Cuanto más alta es la energía que alcanzamos en las colisiones, más nos acercamos a simular las condiciones del origen del Universo”, dijo en su día Frederic Teubert, uno de los científicos del proyecto. “Es la primera vez que tendremos datos de las física de estas energía, no sabemos lo que nos vamos a encontrar”. Los científicos están confiados en que no sucederá nada ya que se han hecho experimentos anteriores con menos potencia y los resultados han sido positivos. La activación del Gran Colisionador de Hadrones estaba en principio prevista para finales del año pasado, y luego se postpuso para la primavera. Finalmente, se ha fijado en agosto. Algunos científicos del proyecto suelen bromear en sus páginas webs: “Sentimos decepcionarles, pero no morirán mañana”. En http://www.lhcountdown.com pueden consultarse los días que faltan para el experimento, para el Big Bang.